"El Dulce Sabor de la Resaca" por Leandro Brt
Les traigo otro texto de mi amigo Leandro Brt, el mismo que escribió Confesión.
7:15 a.m, pleno invierno.
Hernán volvía como siempre de su juerga de fin de semana. Había bebido mucho más de lo acostumbrado: arrancó con cervezas en la esquina y adentro del boliche se deliró medio sueldo entre fernet mal preparado, toc-tocs de tequila nacional y tragos varios como pantera rosa (le pagó varios a una rubia mientras la trataba de convencer para irse a un lugar más comodo) y unos speed con vodka porque según la poca sinapsis que había entre sus neuronas, aún no estaba ni entonado.
La sangre le estaba manchando el pantalón y ya no podía ocultarla por mucho más tiempo bajo la campera.
Todavía le faltaban 5 cuadras para llegar a su casa. No era consciente de que debería llamar a una ambulancia ni bien llegara, ni tampoco se percató de que le habían robado el celular como para avisar a alguien. Estaba solo caminando por descampados de Aldo Bonzi, tratando de llegar a su casa, aunque sea arrastrandose.
Tampoco fue consciente de que la rubia que se chamuyó tenía novio. La balacera se la comió mientras salía caminando de un motel de mala muerte. El novio de la rubia y 4 amigos arriba de un Peugeot 505. El paradero de la rubia es historia, pero de los 5 tiros que llegó a escuchar, uno le atravesó la boca del estómago. Con la poca energía que le quedaba llegó a saltar un paredón y se hundió entre la maleza de un extenso baldío que rodeaba una fábrica abandonada. Dificil que lo encontraran allí, seguramente ya lo daban por muerto.
El reloj daba las 8:30 a.m cuando llegó a su casa. Afortunadamente el portón estaba sin candado y la puerta se dejó abrir casi sola, como si un alma estuviese detrás del picaporte esperando la agónica llegada de Hernán. Con la poca fuerza que el balazo aún le había dejado piadosamente, alcanzó la heladera, con un esfuerzo sobrehumano abrió la puerta de la vieja heladera SIAM, y con el último aliento de valor, logró tumbar la jarra con jugo de manzana fresco que su madre le preparaba "para cuando vuelvas medio herido de los tiroteos". El nunca entendió la frase, pero en una jerga antigua volver herido de un tiroteo significa hoy en día "volver quebrado/borracho de una fiesta o un baile".
Hernán murió pensando en el significado literal de la frase de su madre, mientras la jarra de jugo se derramaba sobre su cara como un manto de liquido sagrado.
Leandro también esta en Twitter y les recomiendo seguirlo si se quieren cagar un toque de risa: http://twitter.com/#!/horroradiario
23/04/2011
Guillermo Chussir
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